26 de junio de 2011

Consejos de padre

Mi papá era un hombre que cuando tomaba se creía que se las sabía todas. Hace unos años y después de bajarse dos vinos en la cena, me dio dos consejos “Es mejor ponerse de novio con un traba porque si estás saliendo con una mina y un día te falta uno para jugar al fútbol, cagaste. Pero si es con un traba, no” y “Siempre tenés que transformar las desgracias en algo positivo”. Después eructó tan fuerte que me peino para atrás y me dejó el pelo con olor a milanesa napolitana con puré durante toda una semana.

Nunca tomé demasiado en serio esos consejos, hasta hace un par de días. Para que entiendan mejor, voy a empezar mi relato en el momento en que un amigo me desafió a ver quién podía comer más panchos. El resultado: un rotundo empate en 16 y una diarrea crónica con un fuerte dolor de panza. Después de dos días con esos síntomas y casi 5 kilos menos, fui al médico. Y eso que odio ir porque siempre te hacen esperar: Si llegás temprano, tenés que esperar a que se desocupe porque llegaste antes y está atendiendo. Si llegás a horario, seguro viene demorado y tenés que esperar. Y si llegás unos minutos tarde, te llamaron y como no estabas pasó el próximo paciente y tenés que esperar.
Lo bueno fue que gracias a esta molestia, salvé mi vida. Lo malo fue que me hicieron esperar. Al parecer, mi apéndice estaba a punto de estallar o como me lo explicó el Doctor Gutiérrez: “Tu apéndice es un talibán fundamentalista y tu cuerpo una embajada de EEUU en Irak”. La operación fue un éxito, salvo por un pequeño detalle: en un inocente descuido, el Doctor dejó su reloj dentro mío. Pero me dijo que no había ningún inconveniente, confié en su sano juicio y me fui a casa.

Aunque el doctor estaba equivocado, porque sí había un problema. Y uno muy grave, ya que el reloj tenía la alarma puesta a las 4 de la mañana y como yo tengo el sueño ligero, me despertaba. No sabía qué hacer. Y justo cuando iba a llamar al Doctor Gutiérrez para que me dé una solución, mi vieja preparó unas milanesas napolitanas con puré y, me imagino que por el aroma, recordé los consejos que mi viejo me dio aquella vez. Los repasé varias veces en mi cabeza y me sirvieron mucho: conseguí un trabajo de canillita para el que me tengo que levantar todos los días a las 4 AM y pude, como decía mi papá, transformar mi desgracia en algo positivo. Pero no sólo eso, además me puse de novio con Lulú, una “chica” que conocí en Godoy Cruz, que casi llega a la primera de El Porvenir y que en el partido que jugamos la semana pasada, clavó un golazo desde afuera del área y ganamos sobre la hora. ¡Mucho Lulú, mucho!

5 comentarios:

Tulio dijo...

JAJAJ Genial

Pablo dijo...

La puta, che! Tengo un relato que escribí ayer que tiene mucho que ver con este!!! juaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Muy bueno!

Abrazo

Mariposa dijo...

jajaja me hiciste reir! Buenisimo! ;)

La Hilarante dijo...

extrañamente ahora son las 4 de la mañana, así que te debe estar sonando el reloj, exactamente ahora!!

pobre Lulú si se quedo a dormir con vos.

Andy Juarez dijo...

Tulio: Gracias!

Pablo: Publicalo y digo que sos el Bucay de los blogs!

Matiposa: Es la idea, así que genial!

La Hilarante: Sí, sonó. Y sí, Lulu se quedó pero no la desperté porque iba a querer unos besos y a las 4 AM ya tiene barbita y pincha.