30 de noviembre de 2011

Amber Buttler, patinadora olímpica


La increíble Amber Buttler alcanzó el momento más importante de su carrera como patinadora artística durante los últimos Juegos Olímpicos. En esa ocasión, obtuvo lo que todo deportista o rapero desea tener colgado en su pecho: una gran medalla de oro. La joven patinadora tuvo la amabilidad de recibirme en su casa de Manhattan para realizarle una entrevista a fondo.

-¿Qué tal, Amber? A los lectores del periódico y a mí, nos gustaría saber qué se siente ganar una medalla de oro –le comento sonriente.

-Es una emoción increíble –contesta ella-, sobre todo después de tanto esfuerzo.

-Por supuesto, el esfuerzo del entrenamiento intensivo y de una vida de sacrifi...

-No –me interrumpe Amber-. Es que antes de comenzar, bebí demasiada agua y tuve que hacer mi coreografía mientras me estaba por orinar encima. El esfuerzo del que hablaba es el de aguantarme, pero valió la pena porque gané la medalla.

-Si no es mucho pedir, ¿podría verla?

-Me temo que no la tengo. Tuve que venderla para cubrir unos gastos de mi padre… es un apostador compulsivo y debía mucho dinero a unos malditos usureros –me cuenta con lagrimas en los ojos.

-Recientemente leí un estudio que publicaron unos estudiantes de Harvard donde dice que apostar compulsivamente es hereditario, ¿sabes, Amber?

-No, eso es mentira.

-Es verdad. Es hereditario y tal vez tú podrías tener el mismo problema –le reitero.

-¡No es cierto, te apuesto lo que quieras a que no es cierto! –su gentil rostro se enrojece de golpe y sus facciones se transforman en las de una animal enfurecido- ¡Vamos, con mil demonios, di tu precio!

-No sé si es lo correcto, mejor…

-¡Apuesta, maldito cobarde –me grita, Amber, mientras me toma de la solapa de mi camisa-, apuesta de una maldita vez!

-Tu ganas, tu ganas… pero no me hagas daño –le suplico a una mujer que apenas sobrepasa el metro y medio, y me doy cuenta que en prisión tardaría menos de cinco minutos en ser la perra de alguien.

-Disculpa, no sé qué me sucedió. ¿Te encuentras bien?

-Sí, sí, estoy bien. Quisiera seguir con la entrevista, si es posible… lo último que dijo fue que vendió la medalla para cubrir los gastos de su padre.

-Así es. Pero no alcanzó para pagar la totalidad de su deuda y tuve que buscar un segundo trabajo. El problema es que no puedo interrumpir mi entrenamiento y eso me dejaba solo tenía dos opciones: mudarme a Alaska para trabajar como delivery en patines sobre hielo de una pizzería o afeitar personas con mis patines mientras practico mis piruetas.

-¿Y cuál de las dos has elegido? –le pregunto.

-La segunda. Es que afeitar personas es más simple, además con esto de la metrosexualidad cada día tengo más clientes.

-No es por contradecirla, Amber, pero pienso que como delivery en Alaska hubieses ganado mucho más dinero.

- ¿Ah, sí? ¿Quieres apostar? ¡Si estás tan seguro apuesta, maldito afeminado! –comenzó a aullar Amber a medida que su voz se ponía más gruesa.

Sin perder un segundo, tomé mis cosas y salí corriendo a toda velocidad. De hecho corrí tan rápido que podría llegar a competir en los próximos Juegos Olímpicos, pero tengo miedo de ir y volver a cruzarme con Amber.

5 comentarios:

La Hilarante dijo...

todo porque en tu familia no hay jugadores compulsivos y vos no heredaste eso... si no... tu relación con amber sería otra.

Pablo dijo...

Una lástima, era para apostarle que no te hacía piruetas horizontales! jajajajaja!

Abrazo

Andy Juarez dijo...

La Hilarante: Apostá todo a que sí!

Pablo: Si por "piruetas horizontales" insinuas algo sexual, no es gracioso... ah, no, ya lo entendí y sí... sí es gracioso, jajajaja.

Seba dijo...

jajaja,
hace mil que no entraba.
Esto sigue tan gracioso como antes

Andy Juarez dijo...

Seba: Eso es bueno o es malo? JA! Gracias por pasar.