1 de enero de 2012

Más dudas existenciales

¿Un monje coqueto es el que hace un botox de silencio?

Cuando te realizan una evaluación laboral y te va mal, ¿te llevás tu trabajo a marzo?

Si le ponen mermelada a las hostias, ¿iría más gente a la iglesia?

Si te tomas un viagra, te metés al mar y te revolcás en la arena, ¿te hacés “Milanesa a la Maryland”?

¿Un esquimal enano puede construirse un iglú con cubitos de hielo de la heladera?

A las parejas que se casan en el registro civil de Palermo, ¿en lugar de arroz hay, que tirarles sushi?

¿Podés contratar a un matemático para que resuelva tus problemas personales?

Si un policía le tira gas pimienta a la ensalada ¿tiene que leerle sus derechos antes de comerla?

30 de noviembre de 2011

Amber Buttler, patinadora olímpica


La increíble Amber Buttler alcanzó el momento más importante de su carrera como patinadora artística durante los últimos Juegos Olímpicos. En esa ocasión, obtuvo lo que todo deportista o rapero desea tener colgado en su pecho: una gran medalla de oro. La joven patinadora tuvo la amabilidad de recibirme en su casa de Manhattan para realizarle una entrevista a fondo.

-¿Qué tal, Amber? A los lectores del periódico y a mí, nos gustaría saber qué se siente ganar una medalla de oro –le comento sonriente.

-Es una emoción increíble –contesta ella-, sobre todo después de tanto esfuerzo.

-Por supuesto, el esfuerzo del entrenamiento intensivo y de una vida de sacrifi...

-No –me interrumpe Amber-. Es que antes de comenzar, bebí demasiada agua y tuve que hacer mi coreografía mientras me estaba por orinar encima. El esfuerzo del que hablaba es el de aguantarme, pero valió la pena porque gané la medalla.

-Si no es mucho pedir, ¿podría verla?

-Me temo que no la tengo. Tuve que venderla para cubrir unos gastos de mi padre… es un apostador compulsivo y debía mucho dinero a unos malditos usureros –me cuenta con lagrimas en los ojos.

-Recientemente leí un estudio que publicaron unos estudiantes de Harvard donde dice que apostar compulsivamente es hereditario, ¿sabes, Amber?

-No, eso es mentira.

-Es verdad. Es hereditario y tal vez tú podrías tener el mismo problema –le reitero.

-¡No es cierto, te apuesto lo que quieras a que no es cierto! –su gentil rostro se enrojece de golpe y sus facciones se transforman en las de una animal enfurecido- ¡Vamos, con mil demonios, di tu precio!

-No sé si es lo correcto, mejor…

-¡Apuesta, maldito cobarde –me grita, Amber, mientras me toma de la solapa de mi camisa-, apuesta de una maldita vez!

-Tu ganas, tu ganas… pero no me hagas daño –le suplico a una mujer que apenas sobrepasa el metro y medio, y me doy cuenta que en prisión tardaría menos de cinco minutos en ser la perra de alguien.

-Disculpa, no sé qué me sucedió. ¿Te encuentras bien?

-Sí, sí, estoy bien. Quisiera seguir con la entrevista, si es posible… lo último que dijo fue que vendió la medalla para cubrir los gastos de su padre.

-Así es. Pero no alcanzó para pagar la totalidad de su deuda y tuve que buscar un segundo trabajo. El problema es que no puedo interrumpir mi entrenamiento y eso me dejaba solo tenía dos opciones: mudarme a Alaska para trabajar como delivery en patines sobre hielo de una pizzería o afeitar personas con mis patines mientras practico mis piruetas.

-¿Y cuál de las dos has elegido? –le pregunto.

-La segunda. Es que afeitar personas es más simple, además con esto de la metrosexualidad cada día tengo más clientes.

-No es por contradecirla, Amber, pero pienso que como delivery en Alaska hubieses ganado mucho más dinero.

- ¿Ah, sí? ¿Quieres apostar? ¡Si estás tan seguro apuesta, maldito afeminado! –comenzó a aullar Amber a medida que su voz se ponía más gruesa.

Sin perder un segundo, tomé mis cosas y salí corriendo a toda velocidad. De hecho corrí tan rápido que podría llegar a competir en los próximos Juegos Olímpicos, pero tengo miedo de ir y volver a cruzarme con Amber.

19 de noviembre de 2011

La verdad de la milanesa

Una milanesa que te dice algo que te cambia la vida, como el tema de Arjona sobre la menstruación.

10 de noviembre de 2011

Chiste suelto

- El otro día estuve en una orgía con 15 personas.

- ¿En una orgía? ¿En serio?

- Sí. Estuvo bueno, pero no voy a ir nunca más.

- ¿Por qué?

- Porque fue una cosa de una sola vez... fue un touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch, touch and go.

30 de octubre de 2011

El libro gordo de haceme un Petete

1. Haceme un Petrocelli.
2. Sobame la quena.
3. Fumame el habano de carne.
4. Dale al glande hasta que ablande.
5. Juguemos a que tu boca es un banco de esperma y yo soy un donante.
6. Sacale oro blanco a mi torre petrolera.
7. ¿Sale un Pettinato?
8. Dale boca a mi foca.
9. Disfrazate de Sharon Stone y satisfacé mis más bajos instintos.
10. Succioname el asunto.
11. Sorbame la venosa.
12. Agarrá el micrófono y cantale de cerca.
13. Bebé mis efluvios.
14. Frotame la lámpara de Aladino hasta que salga el genio.
15. Arreglate las caries con mi torno de carne.
16. Saludá con un besito a petisito.
17. Lengüeteáme la mimosa hasta que quede bien viscosa.
18. Testeá mi calidad láctea.
19. Descargame oralmente el fusil.
20. Ponele onda, agachate y saludá a la anaconda.
21. Besame el pelado con polera.
22. Dale respiración boca a boca a Don Miembro.
23. Quiero hacerle el amor a tu boca.
24. Lamé con tesón hasta que escupa el cabezón.
25. Hacé una reverencia y saludá afectuosamente al chino tuerto.
26. ¡A comerla! (*)
27. Amigate con Vergman.
28. Ordeñame al amigo.
29. Dale amígdala a mi cilindro de carne.
30. Garganteame la tripa gorda.
31. Como diría Umberto Eco, dale besitos al muñeco.
32. ¿Querés viajar a San Pettesburgo?

(*) Gracias Guillermo Francella por este invaluable aporte cultural al idioma castellano.

8 de octubre de 2011

Mayor Soccer League

Don Garber, comisionado de la Mayor Soccer Ligue, tomó asiento en la única silla ubicada detrás de la extensa mesa que sostenía la maraña de micrófonos y dio comienzo a la conferencia de prensa. La pequeña sala se encontraba abarrotada de resporteros y dejaba entrever, a simple vista, dos cosas: el soccer es un deporte en pleno crecimiento en los estados unidos y el organizador de esta conferencia es un verdadero imbécil por no buscar un lugar más amplio.
–Todos los que formamos parte de la MSL estamos trabajando más que nunca para llegar a ser una de las mejores ligas de soccer del planeta. ¡No, me corrijo, la mejor liga de soccer del maldito planeta!” –Anunció Don Garber.
–De hecho, ya lo somos, señor.” –Dijo un reportero del principal diario de Wisconsin.
–Esa es la actitud que necesitamos –respondió el comisionado mientras golpeaba la mesa emocionado–, pero hay que admitir que existen algunas ligas que están en un mejor nivel…
–No, señor, digo que somos la mejor liga de soccer del planeta –añadió el mismo reportero- porque somos la única, el resto juegan al fútbol.
–A eso me refiero, nadie nos toma en serio. Ni siquiera nuestros propios reporteros –continuó, enfurecido, Don Garber–. Ha llegado el momento de poner los puntos sobre las ies, las jotas y las ues, en caso de ser necesaria una diéresis. Ha llegado el momento de poner en marcha un plan infalible que hará que dejemos de ser el hazmerreír de este  gran deporte.
–¿Acusarán a Brasil de poseer armas de destrucción masiva, lo invadirán y le robarán a todos sus jugadores de soccer? –Preguntó uno de los reporteros.
–¿Traerán un jugador lindo y marketinero, a pesar de que sea un desastre dentro del campo de juego? –Indagó otro.
-No, lo de Brasil es el plan B y lo segundo, ya lo intentamos con Beckham pero no dio resultado –aclaró el comisionado al tiempo que abría un portafolios de cuero negro para sacar un sobre tamaño oficio que blandía de un lado a otro–. En este sobre tengo un contrato multimillonario para que firme el mejor jugador de soccer del mundo para venir a jugar a la MSL.
El grupo de reporteros se puso de pie y comenzó buscar respuestas.
–¡¿Es Lionel Messi?! –Preguntó un reportero a los gritos.
–¿En algún momento traerán el endemoniado catering a esta maldita conferencia de prensa? –Rugió una voz oculta en el tumulto.
–¿Es Cristiano Ronaldo? –Quiso saber otro.
–¡Aunque sea unos sándwiches de mantequilla de maní y jalea de fresa, con mil demonios! –Volvió a aullar la anónima voz.
–El jugador en cuestión es… –dijo Don Garber, dando una pausa para generar suspenso entre muchedumbre– José “El Pepe” Sand.
–¿Y cómo llegó a la conclusión de que Sand es el mejor jugador del mundo? –Preguntaron varios reporteros al unísono.
–Hice un estudio de mercado –respondió el comisionado–. Bueno, en realidad googlié “El mejor jugador de soccer del mundo” y me salió el nombre de este jugador argentino.
–Pero su plan es… –dijo un reportero que tomó la voz de mando cuando todo el resto de la sala quedo en completo silencio– es… brillante. Simplemente brillante.
La conferencia de prensa finalizó con una ensordecedora catarata de aplausos y varios reporteros derramando unas cuantas lágrimas de felicidad.

19 de septiembre de 2011

El juego de la vida

Este es, sin lugar a dudas –ni a dados, porque no se usan-, uno de los mejores juegos de mesa de la historia. Pero tiene un gran problema: no todos tenemos la misma vida. Por eso, es bueno diversificar el nombre y por ejemplo para un marido dominado por su mujer llamarlo El Juego de “Sí, mi vida” y que en vez de tener una casilla que diga “Compra dos caballos”, tenga una que diga “Su mujer le deja comprar dos caballos”. A continuación les dejo más casos y sus respectivos nombres.
  
Para hindúes: El juego de alguna de tus tantas vidas.

Para sedientos: El juego de la bebida.

Para brutos: El jego de la bida.

Para sufridos: El juego de la no vida.

Para mujeres a las que se les murió el marido: El juego de la viuda.

Para workaholics: El juego del trabajo.

Para ferroviarios: El juego de la vía.

Para piromaniacos: El fuego de la vida.

Para novias: El juego de la boda.

Para los que quieren viajar a EEUU: El juego de la visa.

Para oftalmólogos: El juego de la vista.

Para bolicheros: El juego de la movida.

Para pesimistas: El juego de la subida.

Para suicidas: El juego de hasta luego vida.

Para alcohólicos: El jugo de la vid.

Para gordos: El juego de la comida.

Para gatos: El juego de las 7 vidas.

Para futboleros: El juego de Nelson Vivas.

Para personas mala onda: El juego del que no da cabida.

Para egoístas: El juego del que no convida.

Para actores: El juego de "La mesa está servida".

2 de septiembre de 2011

La verdad de la milanesa


Una milanesa que, como la Pitonisa a Neo en Matrix, te dice lo que necesitás escuchar.

4 de agosto de 2011

Frases para cortar una relación inmediatamente

"Mi amor, me gustaría que probemos algo nuevo para devolverle la pasión a nuestra relación. Para que vuelva a ser como al principio. Mirá, estuve pensando mucho y se me ocurrió que lo mejor sería hacer un trío... con tu hermana."

"Ah, te dejé un calzón con una palometa en el baño. Cuando puedas pegale una lavadita, ¿si? Gracias, bichi."

"Te quiero confesar algo, mi vida. Ayer, mientras hacíamos el amor, estaba pensando en otra persona... en tu abuelo."

24 de julio de 2011

Dudas existenciales que me dejó la Copa América

¿Un delantero uruguayo puede quedar en offside por la bombilla del mate?

Si el carrito para lesionados está mal estacionado al costado de la cancha, ¿le hacen una multa al que lo maneja?

Cuando un jugador hace demasiada fuerza al patear un penal, ¿mete un gol de “Palometa”?

Si un jugador sin ritmo festeja un gol bailando, ¿debe ser expulsado por incitar a la violencia?

¿Está bien que un árbitro dirija mal a propósito para que le tiren monedas de la tribuna y así poder pagar sus deudas?

¿Un delantero que se come muchos goles debería empezar una huelga de hambre?

Si un jugador es muy gracioso, ¿su conferencia de prensa deberían considerarse un show de stand up?

¿Se puede pintar un graffiti en una pared que construyen dos volantes?

¿Un arquero que sufre de Trastorno Obsesivo Compulsivo ataja con guantes para lavar los platos?

Si un jugador uruguayo se equivoca en un entrenamiento, ¿el “Maestro” Tabárez lo manda a marzo?

¿Un árbitro goloso realiza el sorteo al iniciar el encuentro con una moneda de chocolate?

5 de julio de 2011

Chiste suelto

- Cuando terminé el secundario, fui a la universidad y me recibí de abogado.

- Mirá que bueno. Yo terminé el colegio y me dediqué a hacer guita.

- ¿En serio? ¿Sos millonario?

- No, trabajo de operario en la casa de la moneda.

26 de junio de 2011

Consejos de padre

Mi papá era un hombre que cuando tomaba se creía que se las sabía todas. Hace unos años y después de bajarse dos vinos en la cena, me dio dos consejos “Es mejor ponerse de novio con un traba porque si estás saliendo con una mina y un día te falta uno para jugar al fútbol, cagaste. Pero si es con un traba, no” y “Siempre tenés que transformar las desgracias en algo positivo”. Después eructó tan fuerte que me peino para atrás y me dejó el pelo con olor a milanesa napolitana con puré durante toda una semana.

Nunca tomé demasiado en serio esos consejos, hasta hace un par de días. Para que entiendan mejor, voy a empezar mi relato en el momento en que un amigo me desafió a ver quién podía comer más panchos. El resultado: un rotundo empate en 16 y una diarrea crónica con un fuerte dolor de panza. Después de dos días con esos síntomas y casi 5 kilos menos, fui al médico. Y eso que odio ir porque siempre te hacen esperar: Si llegás temprano, tenés que esperar a que se desocupe porque llegaste antes y está atendiendo. Si llegás a horario, seguro viene demorado y tenés que esperar. Y si llegás unos minutos tarde, te llamaron y como no estabas pasó el próximo paciente y tenés que esperar.
Lo bueno fue que gracias a esta molestia, salvé mi vida. Lo malo fue que me hicieron esperar. Al parecer, mi apéndice estaba a punto de estallar o como me lo explicó el Doctor Gutiérrez: “Tu apéndice es un talibán fundamentalista y tu cuerpo una embajada de EEUU en Irak”. La operación fue un éxito, salvo por un pequeño detalle: en un inocente descuido, el Doctor dejó su reloj dentro mío. Pero me dijo que no había ningún inconveniente, confié en su sano juicio y me fui a casa.

Aunque el doctor estaba equivocado, porque sí había un problema. Y uno muy grave, ya que el reloj tenía la alarma puesta a las 4 de la mañana y como yo tengo el sueño ligero, me despertaba. No sabía qué hacer. Y justo cuando iba a llamar al Doctor Gutiérrez para que me dé una solución, mi vieja preparó unas milanesas napolitanas con puré y, me imagino que por el aroma, recordé los consejos que mi viejo me dio aquella vez. Los repasé varias veces en mi cabeza y me sirvieron mucho: conseguí un trabajo de canillita para el que me tengo que levantar todos los días a las 4 AM y pude, como decía mi papá, transformar mi desgracia en algo positivo. Pero no sólo eso, además me puse de novio con Lulú, una “chica” que conocí en Godoy Cruz, que casi llega a la primera de El Porvenir y que en el partido que jugamos la semana pasada, clavó un golazo desde afuera del área y ganamos sobre la hora. ¡Mucho Lulú, mucho!

7 de junio de 2011

Las mujeres son de Marte, los hombres miran Venus

Me encuentro en el Resto-Bar de Palermo Soho donde quedé en encontrarme con Paula, una chica que conocí la semana pasada. Pero mi entusiasmo y mis seis meses de sequía sexual, me hicieron llegar antes de lo pactado. Entro, me ubico en una mesa y pido un café doble con tres medialunas. Mientras espero a que llegue mi pedido, observo que en la mesa al lado se sientan dos mujeres espectacularmente sexys. Como un niño frente a un chupetín gigante o un viejo frente a una pastilla de viagra, me quedo observando sin pestañar. En eso, oigo que una de ellas dice: “Le dije al tipo que entre por colectora”. Tranquilamente podría estar contando que iba en el auto con un amigo y estaban decidiendo si ir o no por el peaje. Pero como soy un hombre, mi perversa mente entra en acción y toda la pornografía que existe en internet pasa por mi cabeza en un segundo. En ese momento, un mozo de aproximadamente unos sesenta años se acerca hacía las dos mujeres y les pregunta qué desean ordenar. Ellas realizan su pedido y comienzan a charlar sobre otro tema. Dentro de mi cabeza crece un odio más grande que el que le tiene un músico egresado del conservatorio que toca en subte a Emanuel Ortega.

Pasan un par de minutos. Una vez que me calmo, una de ellas susurra una palabra que en la mente de una mujer puede ser algo trivial pero en la de un hombre es una bomba de tiempo: “Envergadura”. Mi cabeza trabaja más rápido que un japonés pasado de Speed y cuando está por develarse la incógnita, el mozo vuelve a aparece en escena con el pedido de las mujeres. Estas le agradecen y dejan de lado la conversación. El mozo se retira y le lanzo una mirada con más violencia que una película protagonizada por Chuck Norris, Charles Bronson y Joe Pesci.

Observo mi celular y me doy cuenta que falta poco para que sea la hora en que quedé con Paula. Ese pensamiento desaparece de mi cabeza al escuchar, de la mesa de al lado, las siguientes palabras en una sola frase: “Siete bien abierto”, “Tronco” y “Petiso”. Se que podrían estar refiriéndose a jugador de fútbol pero mi cromosoma Y anula esa chance y solo deja abierta la posibilidad de algo sexualmente perverso. En ese instante, levanto la mirada y veo al mozo que se acerca en plan de levantar las tazas de café de la mesa de las mujeres. No lo pienso dos veces. Me pongo de píe y me dirijo a toda velocidad hacía él. Como un debutante zaguero central que intenta ganarse a la hinchada me lanzo con las dos piernas hacia delante y levanto al mozo por el aire. Al reincorporarme, me doy cuenta que el resto de los empleados corren hacia mí con todo tipo de objetos contundentes. Antes de correr hacía la puerta, escucho que una de las mujeres le dice a la otra: “Ahora te cuento con lujo de detalles sobre la orgía del fin de semana, fue una locura”. Mi mente desea quedarse pero mi cuerpo decide por sí mismo y se lanza a la fuga. Mientras corro por mi vida, giro la cabeza, una y otra vez, para observar a las dos mujeres haciendo una serie de gestos obscenos que me dejaron más caliente que a un necrofílico después de ver “Sexto Sentido”.

25 de mayo de 2011

Cantito popular

Durante mi carrera como periodista deportivo tuve la dicha de observar partidos verdaderamente extraños. Uno de ellos tuvo lugar el 23 de octubre de 1997, cuando el seleccionado boliviano buscó sacar aun más provecho de la altura y obligó a su rival a disputar el encuentro en una cancha construida en el último piso de un rascacielos de la ciudad de La Paz. Pero el que más me sorprendió fue clásico del ascenso. Corría el año 1968 y recientemente había empezado a trabajar en el respetado diario porteño “La redonda” –fundado en 1935 bajo el nombre de “La ovalada deforme” por Norberto Sánchez Echagüe, un fanático del rugby–. Me había tocado cubrir a Deportivo Riestra, un equipo chato –por no decir choto– que militaba en la primera C de nuestro fútbol.

El albinegro venía rozando el fondo de la tabla y necesitaba un milagro para mantener la categoría. Para llevarlo a cabo, el presidente del club contrató a Renzo Méndez, un director técnico con un sistema de juego muy ofensivo. Pero muy ofensivo para el buen fútbol. A pesar de los resultados favorables obtenidos por el nuevo DT, todo quedó relegado a la última fecha del torneo donde Deportivo Riestra debía jugar con su clásico rival: Sacachispas. Era sabido que todos y cada uno de los enfrentamientos entre estos dos equipos eran complicados, ásperos y con un clima tan caliente que parecían disputarse en medio del desierto del Sahara. Pero este lo era aun más, ya que ambos venían mal en la tabla de posiciones y el que se alzara con la victoria, no solo se salvaría del descenso sino que enviaría a su eterno rival a la D. Los dos equipos se jugaban a todo. Era mucho más que un simple partido, era un duelo. Un duelo a muerte. Durante los días previos al encuentro se desató una guerra mediática sin igual. Todo el mundo opinaba sobre el partido. Aunque fueron los jugadores quienes más dialogaron con los medios. Algunos hablaron hasta el cansancio sobre el encuentro. Por ejemplo, el volante por derecha de Deportivo Riestra se acalambró durante una entrevista y esa desgracia lo marginó del partido.

La semana pasó volando y finalmente llegó el tan esperado día. Las tribunas estaban repletas de aficionados de ambos equipos. El ulular de las hinchadas ensordecía a todo aquel que se encontrara en las cercanías del estadio de Deportivo Riestra. La tensión podía cortarse con un cuchillo. Pero gracias al excesivo control de seguridad, nadie pudo ingresar con armas y, felizmente, la tensión quedó sana y salva. El árbitro y los jueces de línea se ubicaron en el círculo central bajo una chillona silbatina que provenía todos los sectores del estadio. No pasaron más de dos minutos hasta que uno de los equipos, Deportivo Riestra, saliera del vestuario y se dirigiera al campo de juego. En cuanto el primero de sus jugadores pisó el verde césped, el estadio, al menos la mayor parte de él, estalló en un estrepitoso rugido y una descomunal lluvia de papelitos que inundó el campo de juego. Los once titulares saludaron y agradecieron el incondicional apoyo de sus hinchas. Sacachispas aguardó unos segundos y salió disparado a la cancha. Debido a su condición de visitante, el recibimiento fue más tenue, aunque igual de apasionado que el de su clásico rival.

Los equipos tomaron sus lugares y el colegiado hizo sonar el silbato para dar comienzo a un partido que quedaría en los anales de la historia del fútbol. Los dos equipos salieron a estudiar de manera cautelosa al rival. Ninguno quería descuidarse, ya que el mínimo error podría ser fatal. Recién cuando el cronómetro marcó los veinticinco minutos, el encuentro ofreció la primera jugada de peligro a través de un corner a favor de Sacachispas. Un gran número de jugadores del equipo visitante llegaron al área en busca del primer gol del partido. El área se encontraba tan atestada de gente que parecía la calle Florida un día de semana. El “Grillo” Gutiérrez quiso aprovechar el anonimato que le brindaba el tumulto y cuando el árbitro se distrajo por un segundo, le aplicó un tremendo codazo en el rostro de un jugador rival. El damnificado fue Leopoldo Clavel, un rústico zaguero central paraguayo que se caracterizaba por defender con uñas y dientes, aunque a partir de ese día comenzó a hacerlo solamente con uñas. Esta desafortunada acción, le valió la tarjeta roja a Gutiérrez, quien dejaba a Deportivo Riestra con diez jugadores y pocas posibilidades de llevarse los tres puntos. El corner, no se cobró penal ya que el balón aun no estaba en juego, fue despejado por la defensa local. Los restantes minutos del primer tiempo pasaron sin pena ni gloria. La segunda mitad fue totalmente diferente, ya que Rubén Pena y Marcos Gloria entraron desde el inicio en el albinegro.

A los pocos minutos de comenzado el segundo tiempo, el volante central del albinegro persiguió al habilidoso diez de Sacachispas y lo barrió de manera desmedida. El árbitro no dudó en expulsarlo de inmediato. El tribunal de faltas decidió aplicarle cuatro fechas de suspensión, aunque por la gravedad de la falta debieron darle, al menos, cinco años de prisión. El equipo local se encontraba en desventaja numérica y el panorama parecía desastroso. Pero el técnico sabía que solo una victoria podía salvar a su equipo y en una maniobra desesperada decidió mandar a la cancha al juvenil Álvaro Bonilla. El pibe, de tan solo dieciséis años de edad, era un ignoto crack proveniente de las inferiores del club y que años más tarde se convertiría en una de las figuras del seleccionado nacional. Llegó a ser tanta la admiración que le deparaba todo el ambiente del fútbol, que una vez intercambió su casaca con un jugador colombiano. Álvaro le dio la camiseta que llevaba su nombre y el rival le entregó la suya, un auto usado, algo de efectivo y una cadenita de oro.
El juvenil demoró, más o menos, treinta segundos en demostrar que era un jugador diferente. Apenas recibió el primer pase, colocó la suela de su botín derecho sobre el balón y encaró hacía a done se encontraba el volante defensivo de Sacachispas. Después de amagarle un par de veces para cada lado, piso el balón hacía atrás y luego lo pasó sutilmente entre las piernas del rival para que la tribuna delire en un “ole” ensordecedor. Acto seguido a este despampanante lujo, el jugador humillado castigó desde atrás al recién ingresado con una patada digna de un cable pelado. El abucheo del público y la tarjeta roja no se hicieron esperar. Mientras el tipo salía de la cancha cabizbajo, un regordete hincha de Deportivo Riestra le gritó con voz ronca “Ponete una sotana”. Y parece que unos meses más tarde, el volante recapacitó sobre ese comentario, dejó el fútbol y se inscribió en el seminario para convertirse en sacerdote. Hoy es cura en una pequeña iglesia del barrio de Banfield.

El partido prosiguió sin mayores sobresaltos hasta cumplirse los noventa minutos reglamentarios de un partido donde se pegó más de lo que se jugó. El marcador presentaba un fastidioso cero a cero. Este era un resultado ambiguo, ya que si bien ambos equipos sufrirían la desgracia de bajar de categoría, tendrían el reconfortante alivio de haber mandado a su eterno rival al descenso. El árbitro marcó que se jugarían tres minutos más.

Los primeros sesenta segundos no fueron relevantes. Pero todo cambió cuando, en el minuto noventa y uno, el balón fue lanzado al área del local en forma de centro. Ricardo Pereyra, el arquero de Deportivo Riestra, observó el balón que volaba zigzagueante hacía las inmediaciones del área grande. Junto coraje y decidió descolgar el peligroso centro. Estiró ambos brazos e imaginó, al punto de casi llegar a sentirlo, como sus guantes se prensaban entre sus manos y el cuero del balón. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Pero la expresión duró apenas unas milésimas de segundos, ya que antes de poder alcanzar el balón entre sus manos, la rodilla derecha del arquero colisionó de manera criminal contra el pecho de un rival. El golpe fue tan potente que hizo que el uno cayera, de manera estrepitosa, al suelo luego de dar una doble mortal en el aire que en los juegos olímpicos le hubiese significado, como mínimo, una medalla de plata. Un silencio demoledor fue el marco perfecto para que el árbitro se llevara el silbato a la boca y marcara la pena máxima en contra de Deportivo Riestra. Un descontento en forma de abucheo descendió inmediatamente de la tribuna local y al cabo de unos segundos, los gritos se transformaron en una excesiva lluvia de escupitajos que se dirigía al campo de juego. La peor parte se la llevaron los jueces de línea y los hinchas que se encontraban en las tribunas con viento en contra. Pero la cosa no quedó ahí. Envalentado por el apoyo de su hinchada, uno de los jugadores del albinegro comenzó a increpar fuertemente al juez. Este no se dejó amedrentar y le mostró la tarjeta roja. Ninguno de los simpatizantes albinegros podía creer lo que estaba observando dentro del campo de juego. Lo mismo sucedió con el capitán del Deportivo Riestra, quien lanzó una interminable catarata de insultos contra el árbitro y también fue expulsado del campo de juego.

Lo sorprendente fue que entre tanto alboroto nadie se percató de que el arquero local se encontraba tendido en el suelo pidiendo ayuda. Al darse cuenta de la situación, el médico del plantel salió disparado para examinarlo. Luego de revisarlo minuciosamente se dio cuenta que el uno había sufrido un daño en la columna vertebral en consecuencia del fuerte golpe y debido a esta lesión, no sentía absolutamente nada de la cintura para abajo. Ricardo Pereyra, quien siempre había sido una persona muy desconfiada, exigió una segunda opinión y mandó a llamar a Luciano “El Tordo” Leguizamón, un compañero de equipo que se encontraba el banco de los suplentes. La negativa de Leguizamón fue rotunda, ya que no se había ganado el apodo por estudiar medicina como todos creían, sino por salvarle la vida a un rival al propinarle una violenta patada en el abdomen y extirparle el apéndice infectado.
La desgarradora noticia sobre la lesión del uno se propagó por todos los rincones del estadio en segundos. El panorama era fatídico. Todos sabían que el técnico de Deportivo Riestra había agotado los cambios y debido a las expulsiones, el equipo se encontraba con siete jugadores. Si el arquero era retirado del campo de juego, Sacachispas sería el vencedor por abandono. Pero Renzo Méndez era un viejo mañoso y no iba a soportar que su equipo sea derrotado. Al menos no por abandono. Valiéndose de toda la experiencia que le otorgó una vida ligada al fútbol, se acercó al árbitro y por medio de diversos fundamentos logró persuadirlo para continuar el tiempo restante del partido con el arquero en esas condiciones. Nadie sabe si fue por lo que le dijo el DT o por temor a lo sucedería con los frenéticos hinchas locales si le daba el partido por perdido a su equipo, pero se jugaría el minuto de juego restante.

Ahora solo restaba solucionar el tema del arquero, quien no podía mantenerse en pie por sus propios medios. Renzo ordenó mandar a llamar al utilero del club y el hombre apareció con una bolsa de tela en una mano y un pequeño banquito de madera en la otra. Se dirigió hasta el arco y situó el banquito entre los dos palos y sobre la línea de cal. Luego, buscó a Renzo con la mirada como buscando aprobación y este le hizo un fuerte ademán con la cabeza para que prosiga con lo planeado. Situó al arquero sobre el banquito y sacó una larga soga de la bolsa de tela con la cual lo amarró con fuertes nudos marineros. Ante la mirada expectante de todo el estadio, el hombre tironeó de la soga y volvió a chequear los nudos como si se tratara de un escapista que debe zafarse para realizar su truco final.

Con semejante espectáculo, no muchos recordaban que Deportivo Riestra contaba con un penal en contra. El encargado de ejecutar la pena máxima fue Marcelino Cuevas, un morochón con un remate provisto de una gran potencia. Un jugador que siempre se caracterizó por tener hambre de gol, hambre de gloria y hambre a secas, ya que provenía de una familia muy humilde. El estadio permaneció en un silencio absoluto mientras el delantero acomodó el balón, caminó hacía atrás y se persignó. El silbato del juez rompió abruptamente la calma. Cuevas comenzó a avanzar hacía el balón y todo parecía sentenciado para los locales. Pero un instante antes de que impacte el balón, no sé si acreditarle el milagro al destino o a un pésimo jardinero, trastabilló con una mota de césped dentro del área. Inclusive desde donde nos hallábamos los periodistas, a varios metros del campo de juego, pudimos observar el pánico en los ojos del jugador cuando remató con el tobillo en lugar de con el empeine. El disparo salió recto pero con una potencia colosal y golpeó de lleno el rostro del uno, dándole un nuevo dolor de cabeza al maltrecho jugador: un dolor de cabeza, literalmente.

En ese preciso instante comenzó a escucharse, en un sector de la tribuna local, un cantito que a los pocos segundos todo el estadio entonó al unísono. El cantito relataba la increíble hazaña que acaba de suceder:

“Tenemos un arquero
que es bastante boludito,
hace muchos penales
y los ataja sentado en un banquito”.

Luego recapacitaron y decidieron cambiarlo por otro que, con el tiempo, se volvió un clásico del fútbol –aunque no es tan fiel como el original–:

“Tenemos un arquero
que es una maravilla,
ataja los penales
sentado en una silla.”

Aunque déjenme decirles que aquí no termina esta maravillosa historia. Porque el despeje del arquero, por decirle de alguna manera el tremendo pelotazo que rebotó en su rostro, fue a parar a los a los pies de Álvaro Bonilla que se encontraba a varios metros de la línea del área grande. El pibe corrió con el balón hasta el área contraria tan velozmente que parecía que su vida dependiera de ello –y así era, porque si un rival llegaba a alcanzarlo, lo hubiese liquidado–. Gambeteó al arquero y empujó el balón a la red, marcando el gol de la victoria y mandando al eterno rival a la D.

Luego del encuentro tuve la posibilidad de ingresar al vestuario y entrevistar al equipo ganador en las duchas. Pero desgraciadamente el grabador se arruinó por el agua y esas entrevistas jamás vieron la luz.

16 de mayo de 2011

Vida 2.0

- Me están siguiendo cientos de personas.

- ¿Te creaste una cuenta de Twitter?

- No, sufro de paranoia.

30 de abril de 2011

La verdad de la milanesa

Una milanesa que te canta la posta con la voz de Pavarotti, el swing de Sinatra y el movimiento de cadera de Elvis.

5 de abril de 2011

Más dudas existenciales

¿El inventor de la fangoterapia fue un genio o un mugroso?

Cuando quiebra una empresa de donde trabaja un contador concheto, ¿la declara en números colorados?

Si un fakir vomita lo que almorzó, ¿muere degollado?

¿Cómo sabe un analfabeto si encontró el punto G de su pareja?

Cuando te trabajás una mina en un boliche, ¿tenés que hacer aportes a la AFIP?

27 de febrero de 2011

Cambiasso en el diccionario

Queridos miembro de la Real Academia Española:
Me dirijo a ustedes con el fin de pedirles que estudien la posibilidad de incluir en el diccionario apellidos de jugadores de fútbol que comúnmente se utilizan como palabras.

Hace ya un tiempo que tengo pensada esta iniciativa, pero nunca me animé a mandarles la carta. La idea surgió un día en el que me dije a mí mismo: “En vez de estar todo el día rascándome el Gancedo debería hacer algo productivo con mi Vidal. Ya sé, puedo proponer un Cambiasso en el diccionario. Sí, sí, es eso. Soy un Maestri.”

A continuación les envío una lista de apellidos que pueden ser incluidos con su respectiva definición, buen uso y mal uso.

Los saluda muy atentamente,
Mariano Pontevedra


ALZAMENDI: Estado de lujuria, deseoso de sexo y pasión.
Buen uso:
- ¿Te gustó alguna de las amigas de mi novia?
- Todas. Estoy re Alzamendi.
Mal uso:
- Estoy a punto de vender las acciones de la empresa.
- ¡Estás loco! Esperá un par de días más, están en Alzamendi.


BRINDISI: Acción de brindar con vino o licor.
Buen uso:
- Fabricio ¿Por qué no decís unas palabras?
- Bueno... gente, silencio por favor. Me gustaría proponer un Brindisi.
Mal uso:
- ¿Hace cuanto salís con Esteban?
- Hace más de tres años y medio que el me Brindisi todo su amor y su afecto.


CAMBIASSO: Acción y efecto de cambiar.
Buen uso:
- Vos agarrate a la gordita y yo a la morocha ¿Ok?
- Pará, siempre yo a la gordita. Hagamos un Cambiasso.
Mal uso:
- Son $2,50.
- Bueno, te pago con un billete de $100 porque no tengo Cambiasso.


CANCELARICH: Acción y efecto de anular algo previamente acordado.
Buen uso:
- ¿El asado de mañana todavía sigue en pie?
- No, Cancelarich.
Mal uso:
- ¿Sabés que le dijo el medico a Alejandro?
- Todo mal, le dijo que tiene Cancelarich de pulmón.


GANCEDO: Aparato reproductor masculino, pene.
Buen uso:
- Que trolas las minas que había en ese boliche.
- Sí, a mi me manotearon el Gancedo un par de veces.
Mal uso:
- Invite a Marcos para que venga hoy a la noche.
- No, ese es un Gancedo.


GATTUSO: Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.
Buen uso:
- ¿Viste el minón que pegó el Colo el otro día?
- Psss... Gattuso.
Mal uso:
- ¡Uh! Pinchamos una goma.
- Bueno, frená que saco el Gattuso del baúl y cambio la rueda.


GIUSTI: Apretadamente, con estrechez.
Buen uso:
- Y ¿Cómo te quedó el pantalón?
- ¡Giusti!
Mal uso:
- Al final el flaco ese que mató a cinco personas salió libre.
- Y es que este país no es muy Guisti.


MATERAZZI: Infusión de yerba mate.
Buen uso:
- Che, voy a comprar unos bizcochitos.
- Dale, cuando volvés sale una ronda de Materazzi.
Mal uso:
- ¿Así que Robert tuvo un accidente yendo para la quinta?
- Sí. Si no fuese por el airbag, creo que se Materazzi.


PLATINI: Moneda corriente.
Buen uso:
- ¡Qué penal inventado cobraron a favor a Boca el otro día!
- Sí. Hubo Platini.
Mal uso:
- Díganme ¿Qué van a pedir?
- Para ella uno ravioles con crema y para mí un Platini del día, por favor.


SOLARI: Sin compañía.
Buen uso:
- ¿Vas con alguien a la fiesta de Euge?
- No, Solari.
Mal uso:
- Che ¿No le cambiás nunca las pilas a la calculadora?
- Y no, porque es a energía Solari.

13 de febrero de 2011

Frases de San Valentín

Hoy es el día de los enamorados y me parece el momento ideal para declarar que no creo en el amor a primera vista. Pero como me debo a mi público y por un comentario soy capaz de hacer casi cualquier cosa –y si me comentan algo, podemos omitir el “casi”-, escribí varias frases temáticas para que el día de San Valentín acabe bien.*

Me enamoré de vos porque ambos somos blancos, rubios y de ojos celestes. Fue amor a primer racista.

Cuando te vi, quedé como embalsamado. Fue amor a primer taxidermista.

Estoy enamorado de Pablo Picasso. Fue amor a primer cubista.

Desde el primer momento me mostraste absolutamente todo. Fue amor a primer exhibicionista.

Soy una botinera. Fue amor a primer futbolista.

Te dije que si no me amabas, le decía a tu marido de lo nuestro. Fue amor a primer chantajista.

Te amé desde la primera sesión. Fue amor a primer psicoanalista.

Nos conocimos por cuando fui a arreglar tu compu. Fue a amor a Windows Vista.

Te vi en la tapa de Caras y quedé flechado. Fue amor a primera revista.

Me enamoré de vos estando a más de 200 metros. Fue amor a primer largavista.

Le hiciste un jaque mate a mi corazón. Fue amor primer ajedrecista.

Te descubrí adentro de mi mochila. Fue amor a primer contorsionista.

Cuando te encontré, estaba buscando una secretaria. Fue amor a primera entrevista.

Te paseé en mi taxi por todo Buenos Aires. Fue amor a primer turista.

Me enamoré de mi reflejo en el espejo. Fue amor a primer narcisista.

Te quisiste colar en la fila para entrar al cine. Fue amor a primer ventajista.

Descubrí que eras la persona culpable del crimen. Fue amor a primera pista.

Te vi en una junta del directorio de la empresa. Fue amor a primer accionista.

Lo nuestro siempre fue más allá de lo físico. Fue amor a primer espiritista.

Desde que te conocí, empecé a ver mejor las cosas. Fue amor a primer oculista.

Me explicaste qué es la plusvalía. Fue amor a primer marxista.

Me enamoré de Oskar Schlindler. Fue amor a primera lista.


*Doble sentido con contenido sexual únicamente para mayores de 18 años. Válido en todo el territorio argentino, salvo Córdoba y Mendoza.

7 de febrero de 2011

Agosto de 1969

Cuando uno se divierte muchísimo, el tiempo pasa bastante rápido. Y cuando uno se divierte muchísimo estando de la cuqueta, el tiempo desaparece aun más rápido que la virginidad de una porrista después del cuarto ponche loco en su baile de graduación.

Les comento esto, ya que es el tercer y último día de Woodstock, el mejor festival de música del mundo, y no recuerdo casi nada de lo que sucedió hasta ahora. Lo último de lo que tengo registro es que estaba haciendo dedo para ir al recital y me levantaron un grupo de hippies muy amistosos que viajaban en una van. Me senté en la parte de atrás y luego de mi negativa de aceptar marihuana, ya que no soy partidario de las drogas, comenzaron a explicarme algo sobre “El efecto burbuja” mientras todos se reían. Lo siguiente que recuerdo es que me desperté hoy, tres días más tarde y con un dolor de cabeza más grande que el pene de un enano negro, al lado de un hippie que estaba tan dado vuelta que se puso una remera lisa pensando que era batik. Sí, este tipo, además de ser un drogón es un boludo bárbaro. Y no lo digo solamente por el tema de la confusión de la remera, que le puede suceder a cualquiera… a cualquiera que consuma LSD durante tres días seguidos, sino porque luego de charlar un rato me comentó que vino a Woodstock en busca de “Paz y amor” pensando que ese slogan significaba que había una hippie llamada Paz que le iba a dar amor sin cobrarle un centavo pero que todavía no había tenido suerte en encontrarla. También me dijo que durante el show de Jannis Joplin hubo bastantes inconvenientes con el público porque en un momento la cantante tiró una nota extremadamente aguda y destruyó cientos de pipas de agua. Que la gente se puso como loca, comenzó a protestar y que inclusive algunos se sintieron tan ofendidos que corrieron a cortarse el pelo, comprar un traje y anotarse en la universidad. Para serles sincero, mucho no le creí al tipo porque parecía que me estaba chamuyando… y me saqué totalmente la duda cuando pasó su brazo por detrás de mi espalda, me guiñó el ojo y me preguntó si me llamaba Paz. Por mi seguridad mental y anal salí corriendo lo más rápido que pude, porque una cosa es estar a favor del “Flower Power” y otra muy diferente es que un hippie roñoso te dé con “Power” y te deje el culo como una “Flower”.